lunes, febrero 18, 2008

PREMONICIONES




ANTANAS DRAKE

Un terror súbito le sacudió la espalda con el coletazo de un relámpago cuando recordó que había soñado que esa noche moriría.
Merced a ese sueño que no lo dejaba dormir desde hacía una semana, había tomado sus previsiones: hubiera querido colocar un sistema de seguridad con cámaras y contacto directo con la Policía para asegurar todo el perímetro de su casa, pero la modestia de su condición apenas le había dado para comprar un arma que no daba muchas garantías de defensa, dos perros indiferentes y algunas herramientas para cambiar las chapas de seguridad de su casa.
Esa noche, antes de que su esposa se recostara en el dormitorio con el revólver bajo la almohada como él se lo había pedido, él había recordado lleno de pánico el sueño premonitorio que lo mostraba tendido de bruces al lado del centro de mesa de su hogar a la mitad de un charco de su propia sangre.
Los motivos de su temor no le eran racionales y a menudo hacía que el tenga accesos de ira por su propia estupidez. Si bien en su rol de periodista había hecho cosas que habían podido molestar a grupos poderosos, no era muy probable que la muerte anunciada en sus sueños viniera de ese lado ya que de haber sido así, él ya no estaría vivo. Dado su temperamente explosivo había tenido más de una riña en la calle por lo que se había ganado enemigos de todas las esferas pero no le temía particularmente a ninguno...

Había recibido amenazas (sabemos donde vivis, no almorces en la misma triste pensión de todos los días, no des la espalda a la puerta), pero él había tomado eso con tan buen humor, cosa rara en él, que a esas llamadas anónimas siempre las había ignorado gracias a su convicción casi patológica de que era invulnerable. Había sido invulnerable en sus coberturas donde había tocado la muerte con las manos, colegas suyos habían muerto en el puesto de el deber a su lado, había cruzado ríos en pleno desmadre de aguas furiosas y se había sobrevivido a sí mismo pese a tener un apellido sin valor y sin embargo había salido adelante en la vida. De modo que no veía por qué debía asustarse. Pero esa noche igual estaba cagado de miedo...
Antes de acostarse y después de haber asegurado toda la casa, entró al baño y se sentó a leer un escrito de Tennessee Williams que versaba sobre los amoríos tristes entre un gringo impotente mental y una puta mexicana.

Cuando amaneció después de la noche en que él debía morir, lo perros no habían ladrado, los cerrojos no habían sido violados, su mujer dormía sobre el lecho y él estaba sobre el retrete, con la cabeza doblada sobre el pecho sin la menor violencia, con el libro en la mano, sentado, completamente dormido…


Cuando su mujer despertó y no lo vio a su lado supo que algo malo había pasado. Cinco minutos después se escucharon dos balazos y un grito.
El hombre se levantó del retrete, caminó con las manos tapándose los huecos por donde se le escapaba la vida y fue a caer junto del centro de mesa de la sala mientras su mujer lo miraba aterrorizada, con el arma en la mano.
En las declaraciones a la Policía ella explicó que al despertarse y no ver a su marido, ella hizo lo que él le había indicado: cogió el arma, pasó por la sala y vio la luz encendida en el baño. Caminó en puntillas, abrió la puerta, y el hombre que había ahí, se abalanzó sobre ella. Él había sentido los pasos y había visto la punta del revólver entrar por la puerta del baño. Ella había oído la respiración nerviosa y había pensionado su dedo sobre el gatillo... Ninguno se reconoció.
Cuando ella contó aquella comedia de equivocaciones que más parecía un mal cuento, nadie, nadie le creyó...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

El cuento está de super facil lectura y en todo lo breve que es, igual tiene giros sorpresivos. Alejandra me recomendó tu blog, y veo que sus palabras se quedaron cortas. Te estaré leyendo Anatanas. Besos.
Miroslava...

Anónimo dijo...

El gatito francotirador está divino...La historia no la entendí, pero el gatito está divino!!!

Nata
natytasoria@hotmail.com

Tania Ruiz Wagner dijo...

Juro por dios que a mi me ha pasado lo mismo. Soñé eso, solo que cuando lo conté me salió achisme. No como te ha salido Darwin. De verdad que leerte es una fiesta en la que siempre me siento a gusto y bienvenida. Seguí adelante!!!