miércoles, noviembre 29, 2006

CUARTO DE PÁNICO


Antanas Drake

Escucho como si allá afuera estuviera lloviendo y un olor a tierra mojada me invade la nariz…
Lo último que recuerdo es que la parálisis empezó esa noche en el cine, con el adormecimiento de mi mano derecha y mi dificultad para concentrarme en esa película de Scorsese que por alguna razón ya no recuerdo por qué me gustó tanto.
Después, en la cama, el hormigueo helado y paralizante en las piernas, la dificultad para respirar, y luego, a la mañana siguiente, el atontamiento mental, el vestirse como un autómata y llegar al trabajo más que por voluntad propia, por una especie de hábito antinatural parecido al mecanismo de un reloj. Sí, día raro en el trabajo, mi imposibilidad de reconocer los signos dibujados sobre el teclado, una especie de sordera que era más bien como si las palabras ajenas se deformaran en zumbidos de focos de neón, como si las bocas que me hablaban se hubieran desenchufado de golpe de su fuente de palabras.
Entonces, aturdido, siento que alguien del trabajo me lleva a mi cuarto, me tumba en la cama, dice algo que no alcanzo a comprender y se va.

A esas alturas la parálisis ha parasitado cada esquina de la carne, ha atrofiado los caminos del pensamiento y me siento empequeñecido, como un insecto habitando una casa demasiado grande, como un gusano en medio del cuerpo de una vaca. Cuando noto tenuemente la luz que entra por mi puerta abierta, un tipo de blanco también entra, siento que me revisa y lo escucho decir (sí, el oído me vuelve a funcionar de a poco), lo escucho decir que mi conciencia se apagó, que corazón ya no sirve, que se debe hacer la autopsia, y el que me ha traído del trabajo (mi amigo Caifás, socio de parrandas, tertulias literarias y verborreas políticas) dice que no, que mi madre debe dar la aprobación.

Ahora el oído se me aclara más, reconozco voces, mamá llora vencida, Que como fue, que qué me pasó si yo estaba bien, chico saludable, bebedor de agua y aspirador de mañanas de campo, y de golpe se enciende, Que al Carajo con eso de la autopsia, que sólo a las animales se los destripa. No sé si lo que pasa es bueno o es malo, es como si fuera un espectador ajeno a mi propia desgracia.
También el olfato funciona de nuevo, huelo a flores, a sebo de velas, a lágrimas de gente que no puedo ver…y de golpe, como si me saltara un buen trozo de tiempo, aparezco aquí, en medio de la oscuridad, escuchando más fuerte la lluvia de afuera...Una gota me cae en la cara…Noto que los músculos me obedecen de nuevo, trato de moverme, pero no puedo, ya no por una incapacidad muscular, sino más bien por un aprisionamiento de brazos y piernas… Ya entiendo….Mamá me ha castigado encerrándome en el cuarto del pánico por haberla asustado así.. No importa, estos castigos sólo duran una noche…Algo me camina por los pies y trata de morderme. Esas cosas suelen pasar en las pesadillas y en los cuentos, no en la vida real.
Mamá nunca va a cambiar, es un ángel y un demonio a la vez, pero pese a todo, igual me quiere, por eso lloraba tanto cuando me vio y dijo: Cómo fue que me puse así, si yo estaba bien…y Después dijo algo sobre una autopsia…sí…era algo sobre una…

1 comentario:

El Defensor del Derecho al Delirio dijo...

a mí también me asusta la idea de las autopsias... prefiero un día raro en el trabajo y ke me olviden en alguna eskina vagabunda.
Un abrazo a los amigos ke nos llevan a la casa.